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viernes, 14 de diciembre de 2012

Literatura y contorsionismo


La literatura es extraordinariamente dúctil y permite todo tipo de juegos, porque es infinitamente reutilizable. Desde la reelaboración a la parodia, todo tiene cabida en literatura. El cuentecillo de Augusto Monterroso, un juego en sí mismo, titulado “El dinosaurio”, dice así:

“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.

Muchas páginas se han dedicado a intentar interpretar estas siete palabras. José Luis García Martín  propuso una muy divertida variación de este cuento, cambiándole el título. En su versión, el cuentecillo varía totalmente su sentido, y queda así:

"Matrimonio" 
Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí.

García Martín, no obstante, es experto en este tipo de reelaboraciones irónicas. Un fragmento del poema de Octavio Paz “La inolvidable”, que dice así:

Anoche, 
En tu cama,
éramos tres:
 
tú, yo,la luna;

se convierte en “La insaciable”, y pasa a decir:

Anoche, 
En tu cama,
éramos cien:
 
tú, yo,la tuna;

Y es que un texto literario es susceptible de generar muy diversas variaciones, y también, cuando es verdaderamente literario, muy diversas interpretaciones. Un texto literario nunca acaba de leerse y siempre dirá cosas nuevas a quien se tome el tiempo de escucharlas. El ejemplo que hoy traigo es el de nuestro querido Garcilaso, quien escribe:

Un rato se levanta mi esperanza: 
mas, cansada de haberse levantado, 
torna a caer, que deja, mal mi grado, 
libre el lugar a la desconfianza. 
 
¿Quién sufrirá tan áspera mudanza 
del bien al mal? ¡Oh corazón cansado! 
Esfuerza en la miseria de tu estado; 
que tras fortuna suele haber bonanza. 
 
Yo mesmo emprenderé a fuerza de brazos 
romper un monte, que otro no rompiera, 
de mil inconvenientes muy espeso. 
 
Muerte, prisión no pueden, ni embarazos, 
quitarme de ir a veros, como quiera, 
desnudo espirtu o hombre en carne y hueso.

Este texto había sido siempre interpretado con arreglo al siguiente esquema, propuesto por Gaspar Garrote Bernal y elaborado a partir de las interpretaciones tradicionales del poema:

"1. Un yo (mi) se anima apenas (Un rato se levanta mi esperanza), pero contra su voluntad termina deprimiéndose (caer) y deja desamparado el lugar feliz que hasta ese breve momento habitaba en su estado de bienestar (cuarteto 1). 

2. Apenas soportando tan continuo vaivén entre el bien (bonanza) y el mal (fortuna), trata de reanimarse (cuarteto 2). 

3. Así que el yo, ahora patente (Yo mesmo), muestra su voluntad de vencer todos los inconvenientes que se le presentan (terceto 1), 

4. porque ningún obstáculo (muerte, prisión, embarazos) podrá interponerse entre ese yo (desnudo espirtu o hombre en carne y hueso) y el tú al que aspira: ir a veros (terceto 2)."

En menos palabras, pero con idéntica idea, explica el contenido del poema el profesor Bienvenido Morros, autor de la mejor edición de la poesía de Garcilaso jamás preparada. Para él, "el soneto plantea dos actitudes contrapuestas: la rendición ante la desgracia (cuartetos) y su superación a través del amor (tercetos)", de forma que este, el del amor como fuerza que hace al individuo imponerse a la adversidad, es el tema del soneto.
Ahora bien, Gaspar Garrote Bernal, de la Universidad de Málaga, ha propuesto para este texto una novedosa interpretación, basada en el sentido equívoco de algunos de los términos del texto. Para él (http://www.anmal.uma.es/numero31/Holandes_errante.htm):
1. Un yo (mi) experimenta de pronto una erección (Un rato se levanta mi esperanza), pero contra su voluntad termina flácido (caer) y deja desamparada la vagina (el lugar) que hasta ese momento tanto placer le había dado (cuarteto 1). 
2. Apenas soportando tan continuo vaivén entre erección (bien, bonanza) y flacidez (mal, fortuna), trata de reanimarse (cuarteto 2). 
3. Así que el yo, ahora patente (Yo mesmo), muestra su voluntad de vencer todos los inconvenientes sexuales que se le presentan (terceto 1), 
4. porque ningún obstáculo -ni la flacidez (muerte) ni una vagina distinta (prisión), ni cualquier otro, incluida quizá la preñez (embarazos)- podrá interponerse entre ese yo que, sea como sea, e presenta siempre desnudo (desnudo espirtu o hombre en carne y hueso), y el tú con el que aspira a unirse sexualmente: ir a veros (terceto 2).


Lo cierto es que pese a ser esta una interpretación divertida e ingeniosa, que nos invita a releer sorprendidos el poema que creíamos conocer completamente, no creo que pueda sustituir a la lectura tradicional (por ejemplo, entender que prisión significa ʽvaginaʼ es mucho entender). Sin embargo, da prueba del carácter enjundioso y proteico del texto literario, siempre presto a remozarse y a generar nuevas perspectivas.
Ahora bien, otros textos no comparten este carácter. Una noticia de un periódico, el enunciado de un ejercicio o estas mismas líneas no disponen de la capacidad de generar múltiples sentidos. Solo la literatura, el uso artístico del lenguaje, puede hacerlo. Ni siquiera la mayoría de las canciones son capaces de ello. 
Fijémonos en el siguiente vídeo, perteneciente a la famosa película Reservoir dogs, de Quentin Tarantino. 



Uno de los personajes, justamente el interpretado por Tarantino, trata de convencer a los demás del sentido oculto de la letra de "Like a virgin", de Madona. Sin embargo, nada de oculto hay en dicha canción. Basta leer la letra para convencerse de la absoluta intrascendencia de la canción, en la que no hay nada ni remotamente literario. 
¿Qué opinas tú de todo esto? ¿Qué interpretación te parece más adecuada del soneto de Garcilaso? ¿Recuerdas lo que explicamos en clase acerca de la interpretación de la poesía de San Juan de la Cruz?
Ahora bien, como ya explicamos en otras ocasiones, no solo la literatura sino también otras manifestaciones de arte (pintura, cine, etc.) son susceptibles de generar múltiples sentidos y necesitan ser interpretadas. Lo mismo puede suceder con ciertas series de televisión. Puedes comprobarlo en este vídeo, en el que se aclaran los detalles ocultos del enigmático final de la serie Los Soprano.
Trata de buscar ejemplos similares en alguno de los textos vistos en clase o en alguna película, cuadro, escultura... que te guste e interese.
Os dejo con un resumen de lo que conocés hasta ahora sobre Garcilaso:


La intertextualidad


Uno de los fenómenos que definen a la literatura es la intertextualidad. Llamamos habitualmente intertextualidad a la relación que establecen dos o más textos cuando uno hace referencia al otro, ya sea de forma explícita o velada pero en cualquier caso siempre palpable. La intertextualidad aparece por doquier y no hay obra literaria de calado en la que no advirtamos su presencia. Basta coger cualquier antología poética de Quevedo, Góngora o Lope y fijarse en las notas al pie que acribillan cada página para advertir la cantidad de referencias literarias que poetas de esta clase son capaces de movilizar en cada uno de sus poemas. El agudo crítico norteamericano Northrop Frye ya lo dejó bien claro cuando afirmó que “los poemas sólo se pueden escribir desde otros poemas”. Además, no debemos pensar que solo los grandes autores de los siglos pasados hacían uso de la intertextualidad: en absoluto. Entre nuestros contemporáneos, basta citar los casos de Blas de Otero, Ángel González, Luis Alberto de Cuenca o Xuan Bello, por ejemplo, para ver claramente que la práctica y el reaprovechamiento intertextuales no son agua pasada, ni mucho menos. Quien quizá sea el mejor escritor en nuestra lengua desde Cervantes, Jorge Luis Borges, concibió su obra literaria al completo como un vasto palimpsesto, como un hedónico e inteligentísimo programa de reescritura de la literatura que más amó.
La pregunta que se puede hacer aquí es clara. ¿No aboca la intertextualidad a la repetición, a la falta de originalidad? ¿No condena a la literatura a decir siempre lo mismo y del mismo modo? Pues no. Lo importante en literatura no es quién ha dicho algo primero, sino quién lo ha dicho mejor. Fijémonos en el siguiente texto de Bernardo Tasso y en la reelaboración que de él propuso Garcilaso de la Vega:

Mientras vuestro áureo pelo ondea en torno
de la amplia frente con gentil descuido;
mientras que de color bello, encarnado
la primavera adorna vuestro rostro.

Mientras que el cielo os abre puro el día
coged, oh jovencita, la flor vaga
de vuestros dulces años y, amorosas,
tened siempre un alegre y buen semblante.

Vendrá el invierno, que, de blanca nieve
suele vestir alturas, cubrir rosas
y a las lluvias tornar arduas y tristes.

Coged, tontas, la flor. ¡Ay!, estad prestas:
Fugaces son las horas, breve el tiempo
y a su fin corren rápidas las cosas.

Bernardo Tasso (1493-1561)  (Traducción de Paz Díez Taboada)


En tanto que de rosa y azucena
se muestra la color en vuestro gesto,
y que vuestro mirar ardiente, honesto,
con clara luz la tempestad serena;
 
y en tanto que el cabello, que en la vena      
del oro se escogió, con vuelo presto,
por el hermoso cuello blanco, enhiesto,
el viento mueve, esparce y desordena:
 
coged de vuestra alegre primavera
el dulce fruto, antes que el tiempo airado       
cubra de nieve la hermosa cumbre;
 
marchitará la rosa el viento helado.
Todo lo mudará la edad ligera
por no hacer mudanza en su costumbre.

Garcilaso de la Vega (1501-1536)

El soneto de Garcilaso comienza, al igual que el de Tasso en que se inspira, con una construcción locutiva de subordinación adverbial temporal (“en tanto que”), que se repetirá al comienzo del segundo cuarteto, hermanándolos. Los dos primeros versos del poema recurren –y lo mismo sucederá durante toda la composición- a elementos de la naturaleza –elementos especialmente sensuales- para describir diferentes partes del cuerpo femenino. No se respetará el clásico orden descendente tipificado por la tradición petrarquista, sino que nos hallaremos ante la sucesión /gesto, mirada, pelo, cuello/; en esto el poema es innovador, pues Tasso sí había seguido el tópico descriptivo. Lo que resulta fundamental que percibamos es cómo Garcilaso varía –y mejora- bastantes elementos del soneto de Tasso, pues hace simétrica la estructura de los cuartetos, evita las repeticiones –en Tasso el “coged” aparece dos veces y pierde con ello fuerza- y además altera la colocación de los tercetos para hacer más perfecta la secuenciación temporal.
En este caso, entonces, la reelaboración supera al original porque lo afina, lo hace más sutil y pule algunos detalles. Tan es así, que cualquiera podría pensar que fue Garcilaso quien escribió el primer poema y Tasso quien lo imitó a él.
Este procedimiento es común a todas las artes. Basta que nos fijemos en un par de ejemplos:


En este esquema podemos ver cómo Picasso se inspiró en el esquema compositivo de Los horrores de la guerra, de Rubens. Como se puede ver, pese a que Picasso se inspirase en otra obra, lo cierto es que ambas son completamente diferentes.
Acabaremos con un último ejemplo. Fíjate en estas dos piezas musicales: ¿qué te parecen?






¡Exacto! Son la misma canción. Sin embargo, son completamente diferentes, ¿no es cierto? Siempre hay espacio para que la visión que aportamos sea novedosa.
Como pequeña investigación, te propongo que busques en la red qué poema de Fernando Ortiz actualiza este otro, de Francisco de Quevedo.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Los muertos no están muertos

 


Cuando Garcilaso de la Vega (1501-1536) escribió su soneto XIII (que los expertos datan ya en su época napolitana en torno a 1533) el modelo que estaba siguiendo era el de las Metamorfosis (Libro I, vv. 452 - 566) de Ovidio (43 a.C.-17 d. C.). En su poema Garcilaso cuenta cómo la ninfa Dafne se transforma en un laurel al tratar de escapar de las garras del lujurioso dios Apolo: 

A Dafne ya los brazos le crecían
y en luengos ramos vueltos se mostraban;
en verdes hojas vi que se tornaban
los cabellos qu'el oro escurecían; 
de áspera corteza se cubrían                  
los tiernos miembros que aun bullendo 'staban;
los blancos pies en tierra se hincaban
y en torcidas raíces se volvían. 
Aquel que fue la causa de tal daño,
a fuerza de llorar, crecer hacía              
este árbol, que con lágrimas regaba.
¡Oh miserable estado, oh mal tamaño,
que con llorarla crezca cada día
la causa y la razón por que lloraba! 

De hecho, Petrarca (1304-1374) utilizaba muy a menudo en su Cancionero la historia de Apolo y Dafne porque laurel  se dice en italiano lauro y con ello Petrarca lograba referirse mediante un juego de palabras a su amada Laura. 
Hoy día estas transformaciones nos parecen raras y, sin embargo,  para sorpresa de Garcilaso si viviera, a las que más estamos acostumbrados es a las que convierten a los seres humanos en zombies. El joven poeta Jorge Fernández Gonzalo (1982) supo verlo y decidió volver a lo zombie el texto de Garcilaso: 

A Dafne ya los brazos le caían 
y en huesos y en tendones se mostraban;
y cual madeja vi que se tornaban
los cabellos que ahora oscurecían.
De pústulas y costras se cubrían
los tiernos miembros, que aún bullendo estaban:
los blancos pies en tierra se clavaban,
y en inmundos andrajos se volvían.
Aquel que fue la causa de tal daño, 
a fuerza de morder, menguar hacía
al cuerpo de la ninfa, ya difunto.
¡Oh miserable plaga! ¡Oh mal tamaño!
¡Que con morderla disminuya al punto
la causa y la razón que perseguía!

La práctica de transformar la temática de un poema con la menor intervención posible era habitual ya en el propio siglo XVI, cuando se volvían a lo divino los poemas más famosos de Garcilaso, esto es, alterando levemente los poemas amorosos del toledano para transformarlos en poemas de amor a Dios. En los versos de las páginas 163-165 de este enlace puede verse tal procedimiento. 
No debemos pensar que solo los poetas obran así. Esta manera de proceder es muy habitual. La popular serie televisiva House, por ejemplo, esta protagonizada por un personaje, el Dr. Gregory House, que no es sino una reelaboración del famoso detective Sherlock Holmes
Fíjate por último en el siguiente sketch de José Mota, en el que se combinan distintas obras clásicas de la literatura española con La guerra de las galaxias:




¿Serías capaz de encontrar tú algún ejemplo similar? ¡Adelante!